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Trastorno de pánico: todo lo que debes saber

El trastorno de pánico es una de las enfermedades mentales más comunes
 

Se trata de una patología en la que el paciente experimenta ataques de ansiedad.

Por norma general, el trastorno de pánico es un término médico que hace referencia a las crisis de ansiedad. Asimismo, se trata de uno de los problemas psicológicos más comunes en nuestra sociedad.

Actualmente, se denomina trastorno de pánico como la aparición de episodios en los que el paciente siente unos niveles de angustia elevados. También es frecuente una fuerte sensación de miedo o terror que aparece de manera espontánea.

De esta manera, las crisis pueden presentar diferentes niveles de intensidad y duración. Sin embargo, su desarrollo suele ocurrir en pocos minutos aunque puede llegar a superar la hora de duración.

Generalmente este problema aparece de manera continuada en un periodo extenso de tiempo. Por tanto, los sujetos suelen desarrollar miedo a los ataques de pánico y sus consecuencias. Además, suele aparecer junto a otras alteraciones psicológicas como por ejemplo el estrés postraumático.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno de pánico?

Por norma general, los sujetos afectados presentan de manera brusca una serie de síntomas que alcanzan su mayor intensidad a los pocos minutos del inicio del ataque de pánico. De esta manera, las señales más frecuentes del trastorno de pánico son:

Dolor en el pecho que aparece junto a la sensación de palpitaciones y aumento del ritmo cardíaco (también denominado taquicardia).

Náuseas y vómitos.

Molestias en la zona abdominal.

Dificultades para respirar con normalidad y de ahogamiento. Por norma general aparece acompañado de hiperventilación o aumento del ritmo de respiración normal del paciente.
Sudoración anormal.

Temblores que pueden llegar a ser intensos.

Sensación de calor o de frío que aparece como sofocaciones o escalofríos, respectivamente.
Parestesia. Se trata de un término médico que se refiere a la sensación de hormigueo o entumecimiento en una región corporal.

Vértigo, mareo o incluso síncopes (desmayos).
Terror a morir, a perder el control sobre uno mismo, a volverse loco, etc.
Desrealización o identificación de la situación como irreal.
Despersonalización o sensación de estar separado del sujeto afectado.

¿Cuáles son las causas del trastorno de pánico?

Actualmente, los especialistas no han sido capaces de identificar las causas exactas que provocan este trastorno. Sin embargo, de acuerdo a diversos estudios en este ámbito se han podido señalar posibles factores de riesgo. Por tanto, se trata de una serie de circunstancias que aumentan las probabilidades de presentar el problema. Por ejemplo, podemos incluir:

Antecedentes familiares. Según las estadísticas, las personas con familiares cercanos que hayan padecido trastorno de pánico son más propensas a sufrirlo.

Consumo de sustancias químicas que ponen en peligro al sistema nervioso central o SNC. En especial, compuestos como el alcohol, el tabaco u otros tipo de sustancias tóxicas como las drogas. De esta manera, el síndrome de abstinencia constituye un periodo de elevado riesgo.

Características psicológicas del paciente, cómo este reacciona ante situaciones consideradas como inseguras o amenazantes.

Ciertas enfermedades. Por norma general se refiere a trastornos del tiroides (hiper e hipotiroidismo), alteraciones cardíacas, arritmias, sobre todo, etc.

¿Cómo se diagnostica el trastorno de pánico?

Todavía no existe una prueba médica que pueda identificar con exactitud este problema. Sin embargo, el equipo médico puede suponer su existencia cuando el paciente desarrolla de forma continua ataques de angustia.

Asimismo, la comprobación del estilo de vida y la evaluación psicológica del sujeto intervienen de forma decisiva en el diagnóstico. Si el paciente comienza a desarrollar miedo a sufrir los ataques de forma obsesiva, se deberá comprobar si ha desarrollado también agorafobia.

¿Cuál es el tratamiento del trastorno de pánico?

Dentro del posible tratamiento para aliviar el trastorno podemos distinguir entre dos tipos de terapia:

Uso de fármacos. Normalmente se administran antidepresivos y ansiolíticos, lo más frecuente es utilizar benzodiacepinas de vida corta para calmar al paciente y combinarlo con un tratamiento de mantenimiento para evitar que la crisis aparezca de nuevo.
Apoyo psicológico. Se lleva a cabo por profesionales que aconsejarán al paciente para que el trastorno no interfiera con su vida cotidiana. Asimismo, les darán una serie de pautas para controlar las crisis de ansiedad y enfrentarse a situaciones inseguras. Es importante la comunicación.

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