PsicologíaSalud Mental

¿Qué hacer cuando nos sentimos solos?

Frente a esta realidad inevitable, es difícil tomar acciones, pero algo tenemos que intentar
 

Por eso hemos reunido y complementado algunos consejos de especialistas de todo el mundo que, frente a la situación y en diferentes medios, indican caminos para salvarse de la pesadumbre de la soledad.

Buscar conversaciones cortas

Con la mesera del café, con el señor que lo atiende en el bar, con la cajera del supermercado, con el vecino del bus. Puede hablar del clima o de la canción que suena, no importa, lo clave es encontrar un poco de luz en esos breves encuentros. No se trata de extender las conversaciones, sino de tener una cotidianidad más cálida y amistosa. Además, esas charlas cortas lo pueden entrenar para situaciones en las que sí podría darse la oportunidad de crear vínculos más cercanos (Darin Bergen, psicólogo clínico -The Cut).

Meternos a una clase que nos apasione

La base de una amistad usualmente se establece sobre las experiencias compartidas. Lo vivimos con frecuencia en la infancia, pero después se nos olvida que muchos de nuestros amigos los ganamos porque teníamos una pasión o un interés similar. Por lo tanto, vale la pena buscar grupos o clases que le apunten a eso que amamos, como el yoga, el canto, el dibujo o la cocina. También es útil ser voluntario y aportarle a algo que nos importa. Algunas veces el problema es de tiempo, pero muchas otras el inconveniente es que nos dejamos llevar por la inercia de la cotidianidad y no le sacamos unos minutos a la vida

Identificar por qué nos sentimos solos

Suelen decirnos que la mejor manera de manejar la soledad es con actividades sociales, pero ese no es siempre un consejo sabio. Para poder lidiar con nuestra soledad, necesitamos saber si el problema es que a nuestras relaciones les falta profundidad, que nuestros amigos no nos conocen o que nos hace falta una pareja. La solución para cada caso es distinta. De pronto tenemos dificultades para construir intimidad. O se nos enreda la vida cuando intentamos ir más allá de las conversaciones sobre el clima. Si este último fuera el caso, podríamos esforzarnos por hablar de otras cosas con nuestros compañeros de trabajo: en lugar de averiguar qué tal estuvo el fin de semana, les podríamos preguntar a qué lugar del mundo les encantaría viajar y por qué, o a quién salvaría en medio de un apocalipsis zombie

Botar las excusas a la caneca

Las cosas no ocurren si no nos esforzamos por que ocurran. Hay que moverse, salirse de la zona de confort, incorporar actividad física en nuestras rutinas, salir por un café, ir a cine con un amigo, aprender un idioma. Tenemos que dejar de aislarnos, de decir que estamos muy ocupados, de echarle la culpa al cansancio. La culpa, en realidad, es nuestra

Volver a la familia

Los papás, los abuelos, los hermanos, los tíos y los primos son recursos que a veces desaprovechamos. Cuando las personas empiezan a hablar una vez a la semana con un pariente, su ánimo general cambia. Ponerse en contacto con familiares y conocer su vida es una grandiosa manera de recordar que la nuestra hace parte de una historia más grande con personajes muy interesantes

Ser conscientes de lo que nos pasa adentro

Biológicamente, cuando empezamos a sentirnos solos, entramos en estado de hipervigilancia. Andamos sensibles. Si alguien nos roza o sube el tono de la voz, lo magnificamos. El mundo parece inhóspito y tenemos que protegernos. En medio de ese revuelto de sentimientos, nos sentimos incapaces de construir relaciones con el exterior. Lo que más miedo da de todo esto es que realmente no somos consciente de lo que nos está pasando, de que nuestro cerebro altera nuestra percepción de la realidad

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