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¿Pasarás por la crisis de los 40?

El incumplimiento de expectativas es una de las causas de la crisis de los 40
 

Se habla mucho de la crisis de los 40, ¿pero realmente existe? ¿En qué consiste esa especie de revolución interior que se produce al cumplir 40 años?

Existen las que llamamos crisis vitales que, en muchos casos, coinciden con cambios de década y situaciones que invitan a la reflexión del que las sufre: estilo de vida, separación, cambio de residencia, tener o no tener hijos, adquirir compromisos… Los 40 son un punto de inflexión en el mundo occidental, puesto que es el momento en el que entendemos que ha pasado la mitad de nuestra vida y no es extraño entrar a valorar si la vida que tenemos es la que queremos, si hemos cumplido nuestras expectativas o si es la que imaginábamos para nosotros

En una sociedad que valora enormemente la juventud y muchas de las cualidades asociadas a ella, como la vitalidad, la belleza y el dinamismo, es habitual que cualquier hito que fomente que las personas ya no se sientan jóvenes pueda ser fuente de malestar y desajuste. Y si la juventud es un aspecto muy valorado por nuestra sociedad, el éxito no lo es menos y, por lo tanto, aquellas personas que al llegar a su 40 cumpleaños sientan que no han conseguido los logros que creían que debían alcanzar o no han avanzado en la vida lo que esperaban, suelen asociar este hito con emociones y pensamientos negativos

Desde ahí, merece la pena atender aquellos casos individuales en los que una persona al cumplir 40 no se sienta bien. No obstante, es importante entender estas situaciones más como un proceso biográfico de adaptación, que como una patología o una crisis diagnosticable. Pensando en las cifras medias de esperanza de vida, los 40 se podrían entender como la mitad de camino en la vida. Si lo que ya ha transcurrido y la estimación de lo que vendrá no se ajusta a la imagen que nos gustaría o no cubre nuestras expectativas, otra posible consecuencia sería entrar en un proceso de revisionismo histórico que nos lleve a centrarnos en lo que pudo haber sido y no fue más que en nuestro presente y en lo que nos gustaría construir

¿Todos la viviremos?

Cumplir 40 años no es vivido igual por todos. Hay personas que estarán encantadas, conectarán la fecha redonda de ese cumpleaños con seguir sumando experiencias, sentirse cada año con más valía, conocimiento o recorrido y presumirán de que los 40 son los nuevos 30. Por lo tanto, la vivencia asociada a cumplir 40 depende de qué interpretación se le dé, más que al propio hecho de cumplirlos. Esta razón explicaría que haya personas que no tengan crisis en ningún momento de sus vidas y haya otras que puedan tenerlas a los 30, los 50 o los 65

No hay males comunes a todas las personas, ni tiene por qué ser un momento de crisis. De hecho, hay gente que manifiesta su conformidad por cómo es su vida al llegar a este momento. Por suerte, los 40 no es irremediablemente un momento para la angustia. Cuando se da la crisis de la mediana edad, detrás encontramos rutinas muy marcadas y aburridas, exceso de responsabilidades e incumplimiento de expectativas. Ello puede desencadenar, en diferentes grados, cuadros ansioso-depresivos junto con inseguridad y aislamiento

En ocasiones, un factor determinante para que ocúrrala crisis de los 40 es la presión social ejercida sobre el individuo para que cumpla aspiraciones del entorno: casarse, formar una familia, un trabajo fijo, la estabilidad.

Motivos distintos para hombres y mujeres

Ir cumpliendo años suele ser vivido de forma diferente por los hombres y mujeres, cuentan las expertas. Ambos pueden llegar a conectar con el malestar, pero, en la gran mayoría de las ocasiones, por razones diferentes.

No olvidemos que para muchas mujeres que se hayan planteado el deseo de ser madres, no haberlo conseguido antes de los 40 años -cuando las posibilidades se reducen por cuestiones de fertilidad- puede conectarlas con emociones negativas, algo que no ocurre con los hombres, ya que su vida fértil suele ser más prolongada. Con ese inicio del fin del ciclo reproductivo si no se tiene pareja o no está tomada la decisión de ser madre o no serlo, la presión se dispara. Llegan las dudas, el estrés y el miedo a equivocarse

Sin embargo, en muchos casos, la presión por haber alcanzado el éxito profesional, por haber destacado en la carrera elegida, por haber avanzado a nivel de estatus, suele ser mayor para los hombres

Además, Izquierdo indica que en los varones encontramos otras situaciones como la sensación de alejarse de la juventud, y se registran casos de desadaptación. Es decir, el que la sufre necesita volver a sentirse joven para hacer todo aquello que quedó pendiente o recuperar emociones de otra década. Esto da lugar a infidelidades, frustración, autoestima baja o cuestionarse a sí mismo. Por no hablar de que si vive en pareja y él mira hacia atrás mientras su cónyuge lo hace hacia adelante se abre una brecha y el conflicto está asegurado

En las mujeres, la presión estética también es fuerte. Las destinatarias de las campañas de venta de productos cosméticos, de cirugía estética o de moda suelen ser ellas, que en la gran mayoría de casos interiorizan que verse jóvenes les aporta valía, seguridad y autoestima. Y por ello, sentirse menos jóvenes es vivido e interpretado en negativo. Esa presión se refleja incluso en el lenguaje: en la década de los 30, las mujeres son treintañeras (un término asociado a aspectos positivos), pero al cumplir los 40 pasan a ser cuarentonas (término con tintes peyorativos). Esta nomenclatura es mucho menos utilizada para los hombres

¿Precipita las crisis de pareja?

Sobre si las crisis de los 40 suelen propiciar crisis de pareja, estas dos psicólogas tienen opiniones algo diferentes. Izquierdo considera que sucede en muchas ocasiones, aunque se puede tener crisis vital sin tener pareja. Por supuesto, la insatisfacción del momento puede salpicar al núcleo familiar

Por su parte, se cree que una crisis de los 40 no necesariamente trae consigo una crisis de pareja. Habitualmente, la llegada del 40 cumpleaños de uno de los miembros no genera distancia ni grietas en aquellas relaciones ‘fuertes’ en las que la pareja se sienta bien, las necesidades de las dos personas que la conforman están cubiertas o en las que haya equilibrio entre el tiempo dedicado a la familia, a la pareja y a uno mismo

Sin embargo, la experta de TAP opina que es muy posible que si una de las personas de una pareja que no pasa por un buen momento conecta con el malestar a los 40, el vínculo y la propia relación puedan verse afectados. Podría suceder lo mismo en parejas que no sean ricas en lo que aportan a sus miembros o que tengas dinámicas muy rígidas que impidan a las personas que las conforman desarrollarse en otros ámbitos

La crisis de los 40 puede empezar en los días previos al cumpleaños y acabar años después.

¿Cuánto tiempo puede durar?

Como todos los procesos de adaptación, ese desajuste producido por el 40 cumpleaños, puede tener una duración variable. La duración puede abarcar desde los días que rodean al cumpleaños, a meses e incluso años. Va a depender de cómo se gestiona, con qué factores de protección cuenta la persona o si esa sensación de insatisfacción le moviliza a construir cosas nuevas, o bien, le bloquea o paraliza. Por ejemplo, un factor de protección es tener un tejido social rico y un ocio activo, mientras que uno de vulnerabilidad es moverse en ambientes en los que haya altos niveles de exigencia o modelos rígidos de lo que es la belleza o el éxito.

Huir de la banalización

Igual que vamos al médico, los familiares y amigos de una persona que está pasando por esta situación no deben tener miedo a motivarle a que vaya al psicólogo. Un profesional le ayudará sin juzgar, le enseñará a ver su vida con perspectiva y a adquirir habilidades para tomar las decisiones que necesite con seguridad

La familia y los amigos de la persona que conecta con el malestar al entrar en los 40, pueden tener en cuenta una serie de consejos: ser respetuosos con la edad de la persona, aceptar el curso de vida que ésta ha tomado sin cuestionar lo que ha conseguido o lo que no, darle a ese cumpleaños la misma importancia que a todos los demás y empatizar con su malestar aunque no lo entienda

No obstante, cuando una persona interpreta en negativo ese hito simbólico, por mucho que desde fuera traten de convencerle de que “no es para tanto”, muy posiblemente no vaya a ser capaz de reinterpretarlo inmediatamente en clave positiva.

Consejos para afrontar la crisis de los 40

Las psicólogas aportan las siguientes recomendaciones para afrontar la crisis de los 40:

Recordar que la edad es solo un número y que independientemente de cuántos años tengamos, cualidades como la vitalidad, la energía o la inquietud no desaparecen. Probar nuevas cosas sin entrar a valorar si somos mayores ya para ciertas cosas.

Pararnos a pensar, independientemente de la edad que tengamos, sobre si nuestras decisiones nos acercan vitalmente a lo que es importante para nosotros. Para que no nos pille el toro a los 40 ante ese análisis.

Aceptar el paso del tiempo como algo inevitable, pero que es capaz de proporcionarnos cosas positivas como recorrido, aprendizajes, sabiduría o perspectiva.

Entender que la belleza tiene muchas formas y que en cada edad y cada década va tomando aspectos diferentes, pero igualmente valiosos.

Posicionarnos con tranquilidad en las decisiones vitales que hemos tomado y el camino que hemos elegido, porque en su momento fue lo que consideramos mejor y más adaptativo.

No olvidar que tomamos decisiones todos los días que hacen que nuestra vida evolucione y, por lo tanto, si no estamos satisfechos con lo que dejamos atrás somos un agente activo de crear cosas diferentes en lo que viene por delante.

Evitar aportar un toque nostálgico a todo lo que vivimos, puesto que hay muchas emociones que nos quedan aún por experimentar.

Arrancar proyectos que quedaron parados; menos palabrerías y más actos.

Escribir es una forma terapéutica de valorar todo lo bueno, y no tan bueno, que nos ha ocurrido.

Si la situación nos sobrepasa, dejarse asesorar por un psicólogo clínico que nos ayude a retomar el rumbo de nuestra vida.

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