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Qué problemas de salud pueden impedir subirse a un avión

Males respiratorios y oculares, anemia y hasta operaciones recientes pueden tener consecuencias en los viajeros debido a la presión generada en la cabina. Cuáles son todos los factores de riesgo, según las aerolíneas y la OMS
 
Pasajes, reserva, hotel, auto y dinero para los gastos de estadía. Parece que todo está listo para subir a un avión.
 
Pero muy pocas personas hacen este chequeo en su salud antes de subirse a un avión e ignoran que un vuelo puede ser perjudicial para el organismo o directamente cabe la posibilidad de que la aerolínea no lo suba a bordo porque genera un peligro para la propia salud del pasajero.
 
El Ministerio de Salud de la Nación tiene una sección en su portal web en la que alerta de que “los traslados aéreos, sobre todo los de larga distancia, someten a los pasajeros a diversos factores que pueden alterar su bienestar”.
 
“En algunos casos especiales (como bebés y niños pequeños, mujeres embarazadas, personas con discapacidad o con problemas de salud preexistentes y aquellos que precisan asistencia médica) existen más probabilidades de verse afectados, por lo que se recomienda consultar al médico un tiempo antes de viajar para tomar algunos recaudos adicionales”, agrega en la información.
 
También aclara que estos riesgos sanitarios se pueden minimizar si se adoptan algunas medidas antes, durante y después del vuelo. Y luego enumera las principales afecciones que pueden manifestarse durante un vuelo:
 
Presión de aire en la cabina
Mareos
Problemas circulatorios
Jet lag
En el caso de estrés, miedo a volar, fobias u otros aspectos psicológicos que pueden afectar un viaje de estas características, se aconseja la consulta al médico y/o psicólogo para poder abordarlos adecuadamente.
 
Durante un vuelo, la altura crucero que alcanza un avión va de los 9.000 a los 13.000 metros sobre el nivel del mar, según la distancia a recorrer. A esa altura, la presión atmosférica es tan baja que la cabina debe ser presurizada, a medida que se asciende, para garantizar la seguridad y confort de los ocupantes, recuerda la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR).
 
Según explican desde la entidad, la presión generada en la cabina es un 75 por ciento de la existente a nivel del mar, es decir, un 25 por ciento menos de oxígeno. Esto puede generar un peligro en la salud de los pacientes con dificultades respiratorias o cardíacas.
 
En pasajeros con patologías cardiorrespiratorias (como EPOC, fibrosis pulmonar, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria o cerebrovascular), estas condiciones pueden traer complicaciones de diversa gravedad. Los trastornos pueden surgir por dos mecanismos: hipobaria (baja presión atmosférica) e hipoxia relativa (baja cantidad de oxígeno). Esta última ocasiona síntomas como falta de aire, palpitaciones, confusión, mareos, convulsiones o dolor de pecho.
 
Condiciones que impiden volar
 
Si bien cada caso es único y el médico particular es el que debe evaluarlo, si piensa viajar al exterior, no está de más verificar previamente su condición de salud ante el profesional de cabecera y también ante la aerolínea, ya que existen algunas condiciones médicas en las cuales los vuelos están contraindicados, casi siempre previendo las consecuencias de los cambios de presión en cabina, el riesgo de hipoxia o el desencadenamiento de alguna emergencia en mitad del vuelo.
 
Bebés y embarazadas
Aunque un bebé sano puede viajar en avión a las 48 horas de haber nacido, se recomienda esperar al menos una semana antes de transportarlo por esta vía. Los prematuros, por otro lado, podrían requerir una autorización especial.
 
Respecto al embarazo, las aerolíneas poseen políticas especiales, pero, por lo general, no permiten viajar a embarazadas en el último mes de gestación a menos que cuenten con autorización médica y que sean examinadas en el aeropuerto.
 
Infecciones de oído y nariz
Alergias, procesos gripales, congestión nasal, rinitis y sinusitis condicionan la aparición de dolor en los oídos al volar. Los rápidos cambios de presión en la cabina del avión durante el despegue y aterrizaje hacen que la trompa de Eustaquio, conducto que comunica el oído con la parte trasera de la nariz, se expanda o contraiga para nivelar la presión de aire.
 
Si una persona sufre otitis, la membrana timpánica inflamada se puede afectar con esa presión, “con el riesgo de padecer una perforación timpánica”. Además, personas con infecciones o congestión podrían enfrentar más que una simple molestia o dolor: estarían en riesgo de sufrir una lesión en el tímpano.
 
Síndrome de descompresión
La baja presión en la cabina puede provocar la enfermedad de los buzos en personas que han practicado submarinismo al menos 12 horas antes de abordar la aeronave.
 
El problema es justo el mismo que el ascenso de una inmersión profunda, explica el manual Los cuidados de urgencias y el transporte de los enfermos y los heridos (Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, 2011): “Una reducción repentina de la presión externa del cuerpo y la liberación de nitrógeno disuelto de la sangre que forma burbujas de gas dentro de los vasos sanguíneos”.
 
Enfermedades vasculares
Las personas con enfermedades vasculares sufren un problema extra por el tiempo de vuelo y el estar en una misma posición, con las rodillas flexionadas (posición en el asiento). Esto y las diferencias de presión en el vuelo hacen que se ralentice el flujo sanguíneo y disminuya el calibre de los vasos por la posición, generando mayores probabilidades de producir trombos.
 
Problemas cardíacos o pulmonares
En el caso de infarto de miocardio o de accidente cerebrovascular reciente, el documento Viajes internacionales y salud, publicado por la Organización Mundial de la Salud en 2012, aclara que el plazo de tiempo depende de la gravedad de la enfermedad y de la duración del viaje.
 
Por otro lado, a pacientes que han sufrido neumotórax o colapso de pulmón les pueden afectar los cambios de presión, y se les recomienda no viajar por aire poco tiempo después de haber sufrido uno de estos episodios.
 
Cirugía reciente
La precaución, según Viajes internacionales y salud, se debe tomar especialmente por trauma abdominal y cirugía gastrointestinal, lesiones cráneo-faciales y oculares, operaciones cerebrales y operaciones oculares con penetración del globo ocular.
 
Algunas cirugías, explica, “pueden provocar la introducción de aire u otros gases en alguna cavidad corporal”.
 
Anemia falciforme
El viajar en una cabina no presurizada pone al paciente con anemia falciforme en riesgo de sufrir hipoxia o una disminución en el suministro de oxígeno.
 
El libro Fundamentos de hematología (Editorial Médica Panamericana, 2009), de Guillermo J. Ruiz-Argüelles, explica que los pacientes pueden llegar a sufrir muerte de las papilas renales, infartos del bazo o trombosis cerebrales, “casi siempre como consecuencia de hipoxia prolongada”.
 
Afecciones oculares
“Aunque parezca algo insólito, es importante tomar conciencia de que hay algunas afecciones de los ojos que podrían interferir con los viajes en avión, volviéndolos peligrosos”, explicó el doctor Carlos Asención, médico oftalmólogo del Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (Ineba).
 
Si bien la mayoría de las afecciones oculares no representan un problema grave, hay ciertas condiciones que pueden poner en peligro la visión. “Si una persona ha tenido una cirugía para reparar su retina, solo deberá viajar en avión cuando su médico le indique que no hay peligro de hacerlo, ya que para reparar un desprendimiento o desgarro de retina es frecuente que el oftalmólogo deba inyectar una burbuja de gas para mantener la retina en su lugar mientras esta se recupera”, comentó el especialista.
 
Y agregó: “También, en algunos trasplantes de córnea se utiliza una burbuja de aire o de gas en el ojo. Si el paciente tiene una burbuja de aire o de gas, hacer un viaje en avión puede ser extremadamente peligroso. Por último, subirse a un avión no va a empeorar los agujeros ni los pliegues de la retina aunque, a veces, los agujeros retinianos se convierten en un desprendimiento de retina, constituyendo una emergencia oftalmológica”.
 
Resumen de contraindicaciones
 
Los viajes en avión están desaconsejados para:
 
Recién nacidos menores de 48 horas.
Mujeres después de la semana 36 de embarazo (después de la semana 32 para embarazos múltiples).
Personas afectadas por:
– Angina de pecho o dolor torácico en reposo.
– Cualquier enfermedad contagiosa activa.
– Síndrome de descompresión después de realizar submarinismo.
– Presión intracraneal incrementada debido a hemorragia, traumatismo o infección.
– Infecciones de oído y nariz.
– Infarto de miocardio o ACV reciente.
– Cirugía o lesión reciente, especialmente por trauma abdominal y cirugía gastrointestinal, lesiones cráneo-faciales y oculares, operaciones cerebrales y operaciones oculares.
– Enfermedad respiratoria crónica severa o dificultades respiratorias.
– Anemia falciforme.
– Enfermedad psicótica, excepto cuando está completamente controlada.
 
En estos casos es importante consultar a un especialista para saber cuánto tiempo esperar antes de tomar un vuelo. Esta lista es sólo de referencia y no agota todas las situaciones. Por lo tanto, ante la duda se recomienda siempre la consulta previa al médico.

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