Marita Medori y Mario Messana / Representantes de BIOESENCIA y BELLA MARÍA en Rosario / 20 años en el rubro de Venta Directa por Catálogo

Hola, muchas gracias por visitar mi sitio. Soy el Dr. Horacio RossiEspecialista en Neurocirugía (M.P. 10940-R.E. 33/051) en la ciudad de Rosario, Argentina. Compartiré en esta página todos los tratamientos que realizo.

OZONOTERAPIA PARA HERNIA DE DISCO DOLOR LUMBAR

La Hernia de Disco Lumbosacra es una de las causas más frecuentes de dolor de espalda que aqueja a la población.

Hoy sabemos que los casos de cíatica son provocados por hernia de disco intervertebral que comprime la raíz nerviosa y produce la sintomatología. Actualmente disponemos de conocimiento y experiencia con la Oxigeno Ozonoterapia que sin necesidad de cirugía y con la aplicación segura de Ozono por profesional neurocirujano revierte paulatinamente la dolencia sin necesidad de corticoides ni analgésicos opiaceos restableciendo la dinámica normal de la columna vertebral.

Esta práctica se realiza también en columna cervical y dorsal y en una serie de afecciones vertebrales con un alto nivel de seguridad.

¿PORQUÉ OZONOTERAPIA?

Sabemos que el Ozono tiene efectos analgésicos y antinflamatorios con un mecanismo de acción modulador del sistema inmunológico, logrando acortar el tiempo de recuperación.

OTRAS PATOLOGÍAS

TUMORES CEREBRALES 

El término tumor cerebral es un concepto genérico que engloba tumores craneales benignos y malignos que se producen directamente en el tejido del cerebro o de las meninges.

Los tumores cerebrales en los adultos suponen únicamente una porción muy pequeña de todas las enfermedades oncológicas. Se trata, por tanto, de enfermedades más bien raras. En la infancia, los tumores cerebrales se presentan comparativamente con más frecuencia que otras enfermedades.

Los tumores cerebrales pueden clasificarse según diferentes características, por ejemplo, según su crecimiento. Un tumor cerebral benigno crece solo lentamente y queda, casi siempre, bien delimitado del tejido cerebral sano adyacente. Un tumor cerebral maligno adquiere rápidamente un gran tamaño y se introduce de forma destructiva en el tejido adyacente (crecimiento infiltrativo). También el tipo de célula desde donde se ha desarrollado el tumor es una características diferenciadora de los tumores cerebrales. Un tumor cerebral primario se forma a partir de células del cerebro o de las meninges que rodean el cerebro. A diferencia de lo anterior, las metástasis cerebrales se forman a partir de células cancerígenas que un tumor de otros órganos (por ejemplo, cáncer de pulmón o cáncer de mama) ha extendido hacia el cerebro. Por esta razón, las metástasis cerebrales no se encuentran dentro de los tumores cerebrales primarios.

Los síntomas de un tumor cerebral son variados y dependen de la región cerebral afectada. Las molestias más comunes en caso de tumor cerebral son dolor de cabeza, ataques espasmódicos (ataques epilépticos) y alteraciones de la conducta.

En el diagnóstico de un tumor cerebral, los procedimientos de diagnóstico por imágenes como la tomografía computerizada (TC o TAC) y la tomografía por resonancia magnética (TRM) desempeñan un papel decisivo.

En el tratamiento del tumor cerebral, es necesaria la cooperación de varias disciplinas médicas y consiste, cuando sea necesario, en una intervención quirúrgica, radioterapia y, más raramente, quimioterapia. El pronóstico depende del comportamiento de crecimiento de las células tumorales. También la posición del tumor en el cerebro influye en el pronóstico: una intervención resulta a veces casi imposible o lleva asociada un riesgo elevado debido al difícil acceso al tumor cerebral.

En tumores de crecimiento lento, las áreas del cerebro no afectadas pueden asumir las funciones de la región dañada. Si bien esto es posible únicamente en un alcance limitado, aclara por qué a veces tumores cerebrales muy grandes (como los meningiomas) no causan ninguna molestia durante mucho tiempo.

TUMORES MEDULARES

Los tumores medulares pueden aparecer en el parénquima de la médula espinal, y destruir directamente el tejido, o por fuera del parénquima medular, lo que a menudo comprime la médula o las raíces nerviosas. Sus síntomas consisten en un dolor dorsal progresivo y en déficits neurológicos atribuibles a la médula espinal o las raíces nerviosas. El diagnóstico se realiza mediante RM. Su tratamiento puede incluir los corticoides, la resección quirúrgica y la radioterapia.

Los tumores de la médula espinal pueden ser intramedulares (dentro del parénquima medular) o extramedulares (fuera del parénquima).

Tumores intramedulares

Los más frecuentes son los gliomas (p. ej., ependimomas, astrocitomas de bajo grado). Los tumores intramedulares infiltran y destruyen el parénquima medular; pueden extenderse sobre múltiples segmentos de la médula espinal o producir una dilatación siringomiélica.

Tumores extramedulares

Estos tumores pueden ser intra o extradurales. La mayoría de los tumores intradurales son benignos, habitualmente meningiomas y neurofibromas, que representan los tumores medulares primarios más frecuentes. La mayoría de los tumores extradurales son metastásicos, en general originados en carcinomas de los pulmones, las mamas, la próstata, los riñones o el tiroides o en un linfoma (p. ej., linfoma de Hodgkin, linfosarcoma, reticulosarcoma).

Los tumores intra y extradurales producen un daño neurológico al comprimir la médula espinal o las raíces nerviosas. La mayoría de los tumores extradurales invaden y destruyen el hueso antes de comprimir la médula.

Signos y síntomas

El dolor es un síntoma precoz, sobre todo en los tumores extradurales. Es progresivo, no se relaciona con la actividad y empeora con el decúbito. Puede afectar la espalda o irradiarse a lo largo de la distribución sensitiva de un dermatoma particular (dolor radicular). En general, finalmente aparecen déficits neurológicos por afección de la médula espinal. Entre los ejemplos más frecuentes están la debilidad espástica, la incontinencia y la disfunción de algunos o de todos los tractos sensitivos en un segmento particular de la médula espinal y por debajo. Los déficits suelen ser bilaterales.

Muchos pacientes con tumores extramedulares consultan con dolor, pero algunos acuden con un déficit de la parte distal de los miembros inferiores o déficits neurológicos segmentarios, síntomas de compresión de la médula espinal o una combinación de ellos. Los síntomas de esta última tienden a empeorar rápidamente y conducen a una paraplejía y a la pérdida del control intestinal y vesical. Los síntomas de compresión de las raíces nerviosas también son frecuentes e incluyen dolor y parestesias seguidos por pérdida sensitiva, debilidad muscular y, si la compresión es crónica, atrofia muscular, que se presenta a lo largo de la distribución de las raíces afectadas.

Los pacientes que presentan déficits neurológicos segmentarios o en los que se sospecha una compresión de la médula espinal necesitan un diagnóstico y un tratamiento de urgencia.

Las siguientes características sugieren tumores medulares:

Un dolor dorsal o radicular progresivo, inexplicable o nocturno

Déficits neurológicos segmentarios

Déficits neurológicos no explicados atribuibles a la médula espinal o a las raíces nerviosas

Un dolor dorsal no explicado en pacientes con tumores primarios de los pulmones, las mamas, la próstata, los riñones o la tiroides o en los que presentan un linfoma

El diagnóstico se realiza mediante una RM del área afectada de la médula espinal. La TC con mielografía es una alternativa, pero resulta menos precisa.

Si la RM no muestra un tumor de la médula espinal, los médicos deben considerar otras masas medulares (p. ej., abscesos, malformaciones arteriovenosas—ver Malformaciones arteriovenosas de la médula espinal) y tumores paravertebrales. Las radiografías de la columna vertebral, tomadas por otras razones, pueden mostrar destrucción ósea, ensanchamiento de los pedículos vertebrales o distorsión de los tejidos paraespinales, sobre todo cuando el tumor es metastásico.

PATOLOGÍAS VASCULARES CEREBRALES

Cuando hablamos de patología vascular cerebral, hacemos referencia a un conjunto de anomalías que son el resultado de la afectación de los vasos sanguíneos que irrigan el encéfalo. La patología vascular cerebral es una de las patologías neurológicas más frecuentes, y después de los problemas cardíacos y los cánceres, es la tercera causa de muerte. Aunque los accidentes vasculares de origen venoso no son infrecuentes, la mayor parte de accidentes vasculares cerebrales (AVC) se deben a problemas arteriales, por lo que nos centraremos en su descripción.

Qué son los territorios vasculares

El encéfalo es irrigado por dos pares de arterias que conforman los sistemas de circulación anterior y posterior.

El sistema de circulación anterior se origina con la arteria carótida interna, que en la base del encéfalo se divide en diferentes ramas, entre las que cabe destacar la arteria cerebral media y la arteria cerebral anterior.

El sistema de circulación posterior se origina con las dos arterias vertebrales, que a nivel de la protuberancia se unen para formar la arteria basilar. Esta se divide en las diferentes arterias que irrigan el cerebelo y en las arterias cerebrales posteriores.

La afectación de los diferentes territorios vasculares producirá una sintomatología característica.

Tipos de accidentes vasculares cerebrales (AVC)

Cuando se produce un AVC en algún territorio vascular, éste deja de recibir el oxígeno y la glucosa transportados por la sangre. Después de unos minutos sin flujo sanguíneo normal, el tejido cerebral queda dañado irreversiblemente, y decimos que se ha producido una zona de infarto.

Podemos dividir los AVC en dos grandes grupos, los isquémicos y los hemorrágicos.

AVC isquémicos

Representan un 80% del total de los AVC. Se producen por la oclusión de un vaso sanguíneo, lo que ocasiona anoxia o hipoxia y, por consiguiente, la necrosis del tejido nervioso, que se infarta.

Los AVC isquémicos pueden ser de origen trombótico, embólico o hemodinámico.

Los más frecuentes son los trombos arteriales, que son consecuencia de la formación de placas lipídicas en las paredes de las arterias. Estas placas se pueden desarrollar hasta causar una oclusión completa de la luz del vaso sanguíneo, en un proceso que puede durar de veinte a treinta años.

Los infartos embólicos se pueden producir por la ruptura de una placa de ateroma (cúmulo de colesterol en la pared de una arteria). El fragmento que se desprende viaja por el torrente sanguíneo hasta llegar a una arteria de tamaño más pequeño, bloqueándola. En la mayoría de los casos, se trata de émbolos originados en el corazón (AVC cardioembólico). En este caso, por disfunciones en el latido cardíaco, se forman émbolos que viajan hasta obstruir una arteria cerebral.

Los infartos hemodinámicos son debidos a reducciones del flujo sanguíneo, por ejemplo, a causa de un paro cardíaco. Estos infartos afectan especialmente a las zonas del cerebro irrigadas por las partes más distales de las arterias (territorios límite).

Accidentes isquémicos transitorios (AIT)

Los AIT son oclusiones temporales de una arteria.

Se trata de microémbolos que obstruyen la circulación como máximo durante veinte y cuatro horas, aunque generalmente, la sintomatología, semejante a la de los AVC isquémicos pero de menor intensidad, se resuelve en minutos. Un alto porcentaje de estos pacientes están en riesgo de sufrir un AVC isquémico si no se trata la causa de sus problemas vasculares.

Hemorragias

Un 20% de los AVC son hemorrágicos. Se producen por la ruptura de una arteria, y la consiguiente extravasación de sangre.

Las hemorragias se suelen definir dependiendo de su localización: epidural, subdural, subaracnoidea, intracerebral (o intraparenquimatosa) y intraventricular.

Las hemorragias epidurales y subdurales menudo son de causa traumática, lo que provoca la ruptura de arterias meníngeas con la consiguiente acumulación de sangre en los espacios epidurales o subdurales. Esta sangre comprime el tejido cerebral y causa sintomatología focal, coma y muerte por comprensión de las estructuras del tronco del encéfalo.

Una complicación importante que se suele observar en las hemorragias subaracnoideos es el vasoespasmo. Por razones no muy conocidas, pero posiblemente relacionadas con la acumulación de sangre extravasada, algunas arterias pueden hacer un espasmo y contraerse, por lo que la circulación sanguínea quedará interrumpida y se producirán infartos en los territorios vasculares irrigados por estas arterias.

La hemorragia subaracnoidea puede ser de causa traumática o debida a la ruptura de un aneurisma. Los aneurismas son dilataciones en forma de saco de las paredes de las arterias, generalmente congénitas, que se pueden romper y extravasado el contenido hemático en el espacio subaracnoideo.

La hemorragia intracerebral se relaciona con la hipertensión arterial. La hipertensión crónica debilita las paredes de los vasos sanguíneos y en alguna subida puntual de presión se puede romper algún vaso y extravasado en la sangre al tejido cerebral. Esto, a su vez, provocará que se rompan otros vasos de menor tamaño, y aumentará el tamaño de la lesión.

Otra causa de hemorragia intracerebral es la ruptura de malformaciones arteriovenosas (MAV). Las MAV son zonas de comunicación anormal entre el sistema arterial y el venoso que presentan un flujo de circulación anormal. Aunque es una anomalía del desarrollo, no se suelen hacer sintomáticas hasta los veinte o treinta años, cuando se pueden romper y producir una hemorragia cerebral o crisis epilépticas por la irritación del tejido neuronal cercano.

En algunos casos, las hemorragias cerebrales se pueden abrir al sistema ventricular. Las hemorragias intraventriculares complican el pronóstico del paciente, ya que a menudo pueden causar hidrocefalia (Aumento anormal de la cantidad de líquido cefalorraquídeo en las cavidades del cerebro).

Zona de penumbra isquémica y edema

La obstrucción de un vaso sanguíneo provoca una isquemia intensa en el centro del territorio vascular y una isquemia menos intensa en la periferia. Las células del núcleo isquémico mueren rápidamente, y la afectación neurológica es irreversible.

Las células de la periferia ven alterada su actividad funcional, pero conservan su integridad estructural durante un cierto tiempo. Esta zona se ha denominado de penumbra isquémica .

Los síntomas neurológicos debidos a la afectación de las células de la zona de penumbra isquémica son reversibles.

Cuando se infarta un territorio vascular se produce la lesión irreversible de las células del núcleo del infarto. La alteración funcional de la zona de penumbra isquémica, sin embargo, es reversible.

Por ello, se debe conseguir restaurar lo más rápido posible el flujo sanguíneo normal y minimizar los efectos del agotamiento energético y el edema.

El término edema hace referencia a la acumulación de líquidos en el tejido. Este líquido se puede acumular en el interior de las células (edema citotóxico) o en el espacio extracelular (edema vasogénico).

La presencia de edema desplaza y comprime las estructuras cerebrales adyacentes, lo que aumenta la afectación funcional y dificulta la recuperación de las zonas de penumbra isquémica.

Efectos de los AVC

La presencia de edema puede provocar mucha sintomatología neurológica inespecífica y bilateral. De hecho, el número de muertes por esta causa en fases iniciales del AVC es elevado.

Si se consigue controlar el edema y la afectación difusa, la alteración debida a los AVC es típicamente focal, es decir, dependiente del territorio vascular afectado.

En general, en procesos isquémicos se observará afectación cortical, mientras que las hemorragias intracerebrales afectarán más estructuras subcorticales.

En la mayoría de casos, los AVC afectan a un solo hemisferio cerebral, por lo que los pacientes presentaran sintomatología unilateral. La afectación predominante suele ser la hemiparesia y / o hemihipoestesia (pérdida de fuerza y ​​pérdida de sensibilidad, respectivamente) del lado contralateral del cuerpo.

En las lesiones del hemisferio izquierdo es muy frecuente observar afasia, mientras que en las del hemisferio derecho el paciente suele presentar anosognosia (falta de conciencia de sus déficits).

La recuperación de funciones dependerá de la severidad de la AVC, de la efectividad del tratamiento durante la fase aguda y del estado premórbido del paciente.

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