Ha surgido en el mundo un debate sobre la objeción de conciencia a tratamientos médicos, a raíz de los fallecimientos de dos niños. La madre y el propio niño de 13 años, en un caso, y los dos padres, en el otro, impidieron que recibieran transfusiones de sangre, por ser de una secta de origen americano, confesión religiosa que prohíbe tales intervenciones. En ambas ocasiones, los médicos obtuvieron autorización judicial para realizar el tratamiento pese a la negativa de los tutores, pero los pacientes murieron antes de que se pudiera llevar a efecto.
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